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LAS TOSCAS
Cumple sus 128 años
fundacionales
Por Darío Orlando Sager
(Seper Noticias, 22 de agosto de 2008) En el último cuarto del
siglo 19, la acción colonizadora en el nordeste provincial se
hallaba en pleno desarrollo. Así es como el militar Manuel
Obligado, después de haber concretado la fundación de
Reconquista, siguió consolidando su tarea de conquistar
territorios bajo dominio de los nativos.
En una de las tantas inspecciones que personalmente solía
efectuar sobre los terrenos que se iban ganando, encontró a unos
20 kilómetros al norte de la novel Colonia Ocampo, un cristalino
arroyuelo inmerso en el marco exuberante de la rica flora y
fauna lugareña. Interiorizado de las características que
conformaban el lecho de aquella corriente de agua -piedras
toscas- bautizó el sitio con el nombre que habría de perpetuarse
en el discurrir del tiempo: Las Toscas.
Manuel Obligado supo avizorar lo conveniente que sería radicar
en la zona una colonia, para lo cual decidió confiar en gente
experta e idónea en la materia. Tal vez antes de lo que él
pensaba, llegó a contactarse con pobladores de la Colonia
Malabrigo (hoy Romang), entre ellos el destacado Gaspar Kaufmann
(h), de origen helvético.
También interesó al incansable colonizador Antonio Tomassone, de
nacionalidad italiana. Invitados por Obligado a reconocer las
tierras aledañas al lugar, encabezaron el grupo integrado entre
otros por Federico Ramseyer, Paulino Mascazzini y Secundino
Carreras, quienes tras agotadora marcha se hallaron en el sitio
de referencia. Luego de ponderar los pro y los contra que
traería aparejada la empresa a encarar, Kaufmann y Tomassone
decidieron aceptar el desafío, secundados por pioneros cuyos
nombres están en las páginas más caras de la historia regional:
Juan Binaghi, Leonardo Castellani, Rafael Vicario y Juan
Golliart.
Tramitadas las actuaciones pertinentes, el 2 de julio de 1879 se
aprobó el contrato, mediante el cual se obtuvo un terreno de 20
kilómetros de lado en el Chaco Austral, frente a Bella Vista
(Corrientes). Las cláusulas insertas en el convenio marcaron las
obligaciones y prerrogativas a la que estuvieron sujetos los
fundadores, lo que no fue fácil de cumplir en la práctica.
Cuando se tomó conocimiento de la aprobación contractual y la
correspondiente autorización para acceder a esos campos, los
flamantes socios -radicados circunstancialmente en Colonia
Malabrigo (hoy Romang)- comenzaron los aprestos para tan azaroso
emprendimiento.
No obstante, problemas financieros impidieron la inmediata
partida, la que se materializó recién a mediados de julio de
1880 cuando, encabezada por Gaspar Kaufmann se puso en marcha la
caravana. Lo acompañaron Ernesto Grossmann, Leonardo Castellani,
Juan Caballero, Celeste Delfabro, J.B. Fantín e hijo, Domingo
Forlín con tres hijos, Antonio Delsín y familia, Pedro Macuglia,
Pablo Mascazzini, Donato Filipón, Pedro Volpi, Felipe Martínez,
Segundino Carreras y ocho peones.
Llevaban buenas armas y
provisiones, pero la penosa travesía,
entorpecida notablemente por calamidades climáticas, hizo que
tras veinte días de dificultosa marcha arribaran a la Isleta de
Ocampo desprovistos de las mínimas vituallas. Allí tuvieron que
realizar tareas de obraje durante ocho días por cuenta de un
contratista, a cambio de víveres que les permitieran proseguir
su itinerario. De tal suerte, en la mañana del 23 de agosto de
1880 llegaron al lugar señalado, tomando posesión donde
posteriormente se edificó el fortín.
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Por su parte, el co-fundador Antonio Tomassone aportó más
colonos y herramientas: su hijo Francisco, Juan y Fabio Binaghi,
Luís Lanzani y Enrique Roy. De allí en más, el trabajo tenaz e
incansable de estos pioneros fue modelando la vida del lugar en
una labor ardua y complicada. A la naturaleza hostil, se sumaron
las penurias económicas que motivaron el endeudamiento de los
colonizadores con la firma Pedro Merello y Cía., de la vecina
localidad de Bella Vista. A tal difícil situación, se sumó la
fatalidad a tal punto, que en un año y medio fallecieron los
condueños de la colonia: Francisco Tomassone, Gaspar Kaufmann y
Antonio Tomassone.
Como es de suponer, tan lamentable contingencia trajo desazón a
los pobladores, pero otros retomaron la enseñanza de sus
líderes. Ellos bregaron incansablemente para continuar en la
senda de la fe y el progreso, la lucha y el esfuerzo,
retemplando sus espíritus en las horas difíciles que tuvieron
que superar. Realmente, debieron ser hombres de profundas
convicciones los que trazaron las líneas primitivas de aquella
población, que en sus primeras épocas sobrevivió gracias a los
ingresos que propiciaba la venta de madera.
Largas horas de desvelos, tropiezos de toda índole, no mellaron
la voluntad de aquel puñado de intrépidos que ofrendó sin
mezquindades su labor en aras del progreso de la naciente
colonia. Con el paso de los años y el fervoroso quehacer de sus
hijos, fue alcanzando notoriedad hasta convertirse en uno de los
puntales de la economía en el norte santafesino: Su incesante
actividad se traduce en el próspero presente que enorgullece a
los tosquenses y los impulsa como valiosos artífices de un
futuro promisorio, cimentado sobre los pilares sólidamente
implantados por sus fundadores hace más de una centuria.
Bibliografía: "Reminiscencias sobre la fundación de la Colonia
Las Toscas", Germán Fisch, 1901.
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